"¿Qué será lo más importante de este curso?"- pregunta el maestro."¡Ser feliz!"- responden los alumnos
"¿Por qué estamos aquí?- vuelve a preguntar
" ¡Para ser felices! - responden de nuevo
"Sólo tenemos una vida. Tenemos que vivirla con alegría." A continuación los niños aplauden y ríen.
Esto ocurre al principio del curso de 4º A de la escuela de primaria Minami Kodatsuno, en la ciudad de Kanasawa, en Japón, y el profesor se llama Toshiro Kanamori.
En esta clase se aprende matemáticas, lengua, ciencias... pero hay un
objetivo principal que guía el desarrollo de todas las actividades: el
objetivo de las clases del señor Kanamori es aprender a pensar en los demás.
¿Y cómo aprendo acerca de los demás? Primer paso: aprendiendo sobre mi mismo.
Cada alumno tiene un cuaderno donde escribe cartas dirigidas al resto
de compañeros. En estas cartas los niños expresan sus emociones acerca
de situaciones personales o relacionadas con el desarrollo del curso:
alegría, enfado, tristeza, decepción, gratitud...Todos los días, tres
niños leen las cartas en voz alta, y comparten con los demás sus
sentimientos. Hablan de la vida, de la enfermedad, de la alegría, de la
pérdida, hasta de la muerte de los seres queridos, y en un proceso de
total catarsis, contagian y comparten los sentimientos de dolor y
alegría con sus compañeros. Aprenden lo que es la EMPATÍA. El profesor
Kanamori la define con una frase preciosa: "Deja que la gente viva en tu corazón. Cabe tanta gente como quieras."
El señor Kanamori cree que la labor más importante de un profesor es enseñar que la vida tiene un gran valor, y anima a sus alumnos a experimentar la alegría de vivir, los anima a aprovechar todas las oportunidades de expresar su propia personalidad individual.
Su receta para la felicidad de los niños consiste en que cada uno de
ellos ha de reafirmar sus puntos fuertes y los de sus amigos, y que sus
amigos han de hacer lo mismo con los de él. La clase ideal es aquella en
la que los alumnos crean fuertes vínculos entre ellos.
A lo mejor el señor Kanamori no ha leído manuales acerca de Inteligencia
Emocional, ni grandes tratados de Psicología y Pedagogía. El señor
Kanamori es sólo un MAESTRO, que ama la vida, que ama su trabajo y que
entiende que lo más importante que debe aprender un niño es a SER FELIZ PENSANDO EN LOS DEMÁS.
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